miércoles, 19 de diciembre de 2012

Heisenberg


Aquella noche, Dios bailó en trance sobre la Luna.
Sus mejores amigos, otros dioses que eran él mismo, le habían asegurado que aquella era la mejor manera, de hecho, la única manera posible de que todo funcionara. Habría de bailar sobre el satélite, invocándose a sí mismo para que todo pudiera seguir adelante.
Andaba muy preocupado aquellos días, ya no se encontraba en ninguna parte.

Aquella noche, los hacedores de montañas soñaron con montañas de fotones.
En la mañana, todo había terminado.

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